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El impacto ambiental de la inteligencia artificial

Detrás de la fluidez y “magia” de las herramientas de IA, se esconde una huella ecológica preocupante. Entrenar y mantener estos modelos avanzados requiere una cantidad de recursos considerable —principalmente energía y agua— que muchas veces no vemos, pero que afecta directamente al planeta.

¿Cuánta energía consume un modelo de IA?

Se estima que entrenar un solo modelo de IA avanzado, como GPT-3 o GPT-4, puede consumir más de 1.287 megavatios-hora. Esto equivale al consumo energético de cientos de hogares durante todo un año. Y no es solo durante el entrenamiento: mantener los servidores funcionando 24/7 para ofrecer respuestas también implica un gasto energético constante.

¿Y el agua?

Los centros de datos que hacen posible la IA necesitan ser enfriados constantemente, y para eso utilizan grandes cantidades de agua. Por ejemplo, entrenar el modelo GPT-3 en 2022 consumió aproximadamente 700.000 litros de agua, una cifra equivalente a lo que usa una persona promedio en más de seis años.

La otra cara del hardware

A esto se suma la fabricación de chips, servidores y otros componentes físicos necesarios para sostener esta infraestructura. Muchos de estos procesos implican la extracción de metales raros, deforestación, uso de químicos tóxicos y daños a ecosistemas naturales. Si bien algunas empresas tecnológicas están avanzando hacia centros de datos más eficientes y energías renovables, el crecimiento acelerado de la IA sigue superando estos esfuerzos.

Diseño gráfico sostenible: el futuro del diseño responsable

En este contexto, el diseño gráfico sostenible ya no es solo una tendencia bonita para mostrar compromiso en redes: es una necesidad urgente. Como creativos visuales, tenemos la responsabilidad de reflexionar sobre los medios que utilizamos y el impacto que generamos.

Adoptar una mirada más sostenible en diseño implica:

  • Optar por herramientas digitales de menor impacto energético cuando sea posible.

  • Diseñar para medios duraderos y reutilizables.

  • Evitar el uso excesivo de IA generativa cuando no sea estrictamente necesario.

  • Favorecer proveedores que trabajen con prácticas responsables.

  • Promover mensajes visuales que educan o sensibilicen sobre el medio ambiente.

 

¿Podemos encontrar un equilibrio?

Sí. La clave está en la conciencia y el uso ético. La inteligencia artificial no es el enemigo: puede seguir siendo una gran aliada si aprendemos a integrarla de forma crítica y responsable. Tal vez el diseño del futuro no solo será más inteligente, sino también más consciente de su huella.